

Sinopsis
Como un ser mortal, el presidente de un país podría amanecer muerto en un día cualquiera. Pero lo grave sería que esto sucediera en México, justo en el día que sirve de frontera entre las dos opciones que define su Constitución para elegir a su remplazo. Si esto llegara a ocurrir: ¿quién debería escoger al sucesor?; ¿sería por el voto mayoritario de los ciudadanos o bastará lo que decida la mayoría de los legisladores? Y si éste fuere el caso; ¿qué razones e intereses podrían determinar el sentido de su voto secreto? Este escenario hipotético da origen a una trama de intriga y suspenso que abarca un lapso de apenas seis horas. Una trama donde concurren la lealtad incondicional y la traición; la vocación de servir y el interés de servirse del poder público; la honestidad y la corrupción.
—Pero por favor, papá, ¿de qué me estás hablando? Tú no eres ningún novicio que de repente llegó a la presidencia. Tú sabías que la política es un crisol donde se funde una gran variedad de mierda. ¿Qué te sorprende ahora?, ¿que la corrupción nos ha carcomido hasta los huesos?, ¿que los intereses económicos están aliados con los políticos?
—El que les paga —gritó Castillo y se aproximó a la gobernadora casi hasta tocarla—; ¿o ya se te olvidó, Margarita, gracias a quién vives como vives? —¿A poco ahora me vas a salir con que eres millonario por tus grandes dotes de empresario? Desde hace tiempo es del dominio público cómo y con la ayuda de quiénes hiciste tu fortuna —le respondió retándolo

Sinopsis
Como una continuación de La inoportuna muerte del presidente, Alfredo Acle Tomasini plantea en esta obra de manera ingeniosa, entretenida y apegada a la mejor tradición de las obras de suspenso, el desarrollo de tramas paralelas y en apariencia distintas, hasta que sus sendos desenlaces develan el vínculo que los une.
Griten que ya partí es una obra que expone con crudeza como las situaciones extremas evidencian los verdaderos valores de quienes las viven. Ni el traidor puede evadirse, ni el leal eludir la prueba. Tampoco cuenta el pasado y menos los lazos sanguíneos. Ante el peso de las circunstancias, ya no hay manera de ocultar lo que cada quién es en verdad.
No podía dejar de decir todo lo que sé. Pero, su secrecía y publicación póstuma me da la tranquilidad de que cuando aparezca, no tendré que escuchar el griterío porque ya habré partido.
La puerta de nuestra casa es la tapa del libro de nuestra vida.
Ah qué época aquella de los 40 justo cuando los políticos aprendieron a multiplicar y dividir, porque antes sólo sabían restar y sumar.
Tenía muy claro que la corrupción hermana tanto como la sangre, porque al ser imposible practicarla en solitario, crea uniones que se enlazan por los beneficios y riesgos.
No confundamos genes con sentimientos, unos corren por la sangre, los otros se cultivan en el alma.
Dónde están los límites y cuáles son las obligaciones de aquellos a quienes el destino por la ley les otorga la responsabilidad de tutelar el final de la vida de un ser humano.

Sinopsis
Las sombras del azar consiste en tres relatos unidos por un objeto que aleatoriamente pasa de uno a otro. Su recorrido inicia en una familia venida a menos, justo cuando la repentina muerte de la madre crea entre sus hijos y nuera la expectativa de lograr sus ambiciones materiales. Más adelante, atestigua la compleja y ambivalente relación entre dos familias cohesionadas por la complicidad para burlar la ley. Finalmente, aparece en la vida de una mujer mayor, que resuelve su soledad y los vacíos personales a través de las redes sociales, hasta que el azar le coloca en un escenario inesperado y atemorizante.
Personas y objetos se cruzan al capricho del azar. Las primeras como protagonistas; los segundos, solo como testigos. ¡Cuánto nos dirían estos, si pudieran hablar!
La casona de Polanco
El valor de una persona ya no dependía de la forma como viviera sus principios sino del saldo de la cuenta bancaria. La codicia alentaba el individualismo carroñero; la caída de alguien abría oportunidades para acceder al hueco que dejaba en el mercado. Este era el templo donde se rendía culto a los dioses de los nuevos tiempos y del cual, él estaba a punto de salir
El trato
«Las dos nos hemos vendido» fue un timbrazo a su memoria y una bofetada a su autoestima. Desde la primera vez que Roque llamó por el interfono para que le abriera, intuyó sus intenciones. Tantos años como viuda, trabajando en un mundo de hombres, le habían enseñado a anticiparlos
Las sombras del azar
Pero escapar de su soledad cuando ella así lo quisiera, no era la principal razón por la que dedicaba una buena parte del día a navegar en Twitter y Facebook. Su fascinación por las redes sociales residía en la posibilidad que le brindaban para asumir, comportarse e interactuar con otras personas de acuerdo con los caracteres que ella creaba.

Sinopsis
A casi doscientos años de que México se definiera como una república en su primera Constitución (1824), el Palacio Nacional es hoy, de facto, un palacio presidencial.
Esa calidad lo convierte en un escenario por donde fluye una parte del acontecer político nacional, cuyo protagonista es quien preside la República seguido por su familia, por un nutrido grupo de obsecuentes servidores públicos y por un conjunto variopinto de individuos de distinto pelaje que, en aras de avanzar sus intereses, logran incrustarse en los círculos cercanos del poder.
Sucedió en Palacio; un gato lo contó es una colección de seis relatos que entretejen realidad y ficción. Hechos ciertos y situaciones imaginarias sirven para elaborar una suerte de placas radiográficas que dejan al desnudo la condición humana de quienes a diario actúan en tan singular escenario.
El pacto
Además de la teatralidad de la escena había en ella algo que, para un espectador perspicaz, resultaba disonante porque no encajaba en la lógica de los relevos generacionales implícita en la renovación de los poderes públicos. En este caso, quien cedía la estafeta pertenecía a una generación trece años más joven que la de aquel que la tomaba. Rareza que hacía una suerte de presagio de los tiempos por venir. El futuro hedía a rancio
Una renuncia anticipada
―¿Cómo es tu jefe?―Autoritario. Se hace lo que él dice. No escucha, salvo a quienes le dicen lo que quiere oír. No es un administrador público. Toma decisiones sin ningún sustento, esto se traduce en errores. Es voluntarista para continuar en un camino, pese a que existan evidencias que indican que marcha en la dirección equivocada. Centraliza en lugar de delegar. Se salta a los jefes para dar instrucciones a subordinados. No ha sabido rodearse de gente capaz
El asesor
Ahora, apenas a unos metros, estaba quién tomó las decisiones que le desquiciaron su vida, que le cerraron muchas puertas, que usó a la corrupción como una coartada para eliminar su fuente de empleo, que al recurrir falsamente a ese pretexto para justificar sus acciones, hizo que a él lo tildaran de corrupto negándole la posibilidad de acceder a un empleo, que no tuvo empacho en tirar a la mierda, junto con el de muchos más, su trabajo y su esfuerzo de años con tal de hacer valer sus prejuicios y rencores. Lo peor es que votó por él ―se recriminaba con amargura.
La pesadilla
―Qué tan mal dejó las cosas en México que después de ocupar la presidencia de la República terminó exiliado en París, de donde nadie ha querido regresarlo ―lo increpó en un tono burlón como un último esfuerzo para sacarlo de quicio. Díaz ignoró el comentario. Caminó hacia la puerta dándole la espalda. Accionó la palanca. De inmediato, el elevador continuó su descenso a la planta baja de Palacio. Al detenerse, corrió la puerta con facilidad. Volteó la mirada hacia él con un gesto de ironía.―Cierto, terminé en París de donde nunca regresé. Y, a propósito de lo único que conozco de su vida es que al concluir su presidencia usted se irá a La Chingada. Se lo habrá merecido.
La cena del delirio
―Todavía no habló con ellos. Pero se los voy a plantear. Es una opción. Velo claro, si un gobierno llama a un selecto grupo de empresarios para pedirles dinero es obvio que están abiertos a escuchar que soliciten favores a cambio. Son valores entendidos. Basta ver quienes estaban en primera fila para darse cuenta de que así funciona.―Suena a legalizar una mordida. ―Así parece.
La última noche
Ensimismado con la vista extraviada en la vacuidad de ese espacio en penumbra, callaba por unos segundos para empezar de nuevo; ¿qué voy a hacer sin mi país? Pero en cada reiteración, el creciente tono de su voz que a veces sonaba como lamento, exhibía con claridad su talante desesperado. Nadie atestiguaba la escenificación de ese patético monólogo que por momentos alcanzaba registros de comicidad